• Julio Moreno

Inflación, el laberinto argentino

Por Julio Moreno

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Hoy la inflación se ha transformado en el principal problema de nuestra economía; el Gobierno, en un nuevo intento para combatirla ha modificado el organigrama de su gabinete, y la Secretaría de Comercio Interior pasó del ministerio de Desarrollo Productivo a depender de Economía y Finanzas, dirigido por Martín Guzmán. Fracasado el intervencionismo estatal en los precios, primero con Paula Español y hasta el lunes con Roberto Feletti, se decidió que sea dentro del Ministerio de Economía donde se combata directamente a la inflación. Feletti, que jamás aceptó la autoridad del ministro Matías Kulfas, renunció sin que se lo pidieran formalmente. Su pertenencia al estatismo más duro le hubiera hecho imposible convivir con Guzmán. Ahora, los objetivos, la gestión y los resultados en materia de precios, para bien o para mal, quedarán a cargo del ministro y, sobre todo, del presidente Alberto Fernández.


Este traspaso y en un claro mensaje para tratar de disminuir la inflación, muestra entre otras cosas la necesidad de reducir en forma urgente la brecha de precios que existe entre la canasta de Precios Cuidados y el resto de los productos de consumo masivo, ya que la nueva lista de estos nuevos y actualizados Precios Cuidados tendrá que estar terminada el 7 de junio. Faltaría definir por cuánto tiempo se mantendrán los mismos.


Sabemos que los productos con Precios Cuidados cuando se atrasan respecto a la inflación provocan desabastecimiento, ya sea por una menor oferta de las empresas que lo producen o por una mayor demanda de los consumidores, debido a la diferencia entre los Precios Cuidados y los precios libres de acuerdo a la oferta y demanda.


Será un tema difícil de solucionar para asegurar el abastecimiento de estos productos a la población, ya que las empresas productoras con este proceso inflacionario les será difícil mantener por mucho tiempo los precios (congelados). Una posibilidad sería que se busque que los precios de los demás productos no incluidos en los cuidados se actualicen para que produzcan aumentos más moderados que no afecte los ingresos de la mayor parte de los consumidores o que los Precios Cuidados sean controlados respecto a variables que producen inflación, o con fórmulas polinómicas que se actualicen de acuerdo a la suba de determinados insumos.


La idea de desacoplar los precios de los alimentos de los valores internacionales en el país siempre fracasó. Es imprescindible buscar todas las causas de la devaluación permanente del peso, es decir la pérdida progresiva del poder adquisitivo, que es el tema de fondo.


Muchos años de experiencia


La Argentina acumula una muy extensa experiencia inflacionaria. En medio siglo, a la unidad monetaria le sacaron trece ceros, a partir de la ley 18.188, que el primer día del 1970 convirtió los $100 en 1 "peso ley" (después siguieron los cuatro ceros que perdió en 1983, los tres que se quitaron con el Plan Austral, en 1985, y los otros cuatro en 1991, con la Convertibilidad).


Pero la política de precios en forma unilateral no ha dado resultado en todo este tiempo, porque los precios son la manifestación de la ausencia de un plan económico creíble, que genere seguridad y confianza con políticas macroeconómicas.


Ahora, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, aprobado por amplia mayoría en el Congreso, exige un programa económico y a su cumplimiento se comprometió Guzmán.


Esto supone:


a) Disminución gradual del déficit fiscal, gastar igual o menos de lo que ingresa a las arcas del Gobierno.


b) Aumento de los salarios similares a la inflación, para que la pérdida del poder adquisitivo de los mismos no produzca caída del consumo.


c) Devaluación de nuestra moneda, para que nuestra producción no pierda competitividad en el mundo y evitar que nos invadan productos extranjeros.


d) Menor emisión monetaria que, sabemos, es un multiplicador de la inflación porque libera más circulante para comprar la misma cantidad de bienes o servicios.


e) Aumentos a la tasa de interés, para que el sobrante de dinero no vaya a la compra de dólares u otros bienes, evitando que aumente su cotización o valor.


e) Acumulación de reservas en el Banco Central para garantizar una probable demanda de dólares.


Pero nadie hace milagros: no basta solo con exportar productos semielaborados, por prósperas que sean esas ventas al exterior si, además, es necesario importar en primer lugar, fuentes de energía, además de insumos industriales de los que el país es absolutamente dependiente.


Por eso, comenzar a poner la proa hacia el desarrollo productivo del país debería ser el imperativo del Gobierno; un objetivo sobre el cual hay abismales diferencias de apreciación en el seno del Frente de Todos. Las mismas que quedaron a la vista en la renuncia de Feletti y en los infinitos discursos críticos que el kirchnerismo dirige contra Fernández y Guzmán.


Una inercia fatal


Observamos un fenómeno que se está agudizando no solo en Argentina sino también en varios países que padecen inflación y son los aumentos de los salarios de los trabajadores formales y no formales que acompañan la inercia inflacionaria. Con la inflación observamos que en el mundo también suben las tasas de interés y en muchos países acompañan caídas en las bolsas con el peligro de una inminente recesión. Y es justamente la inflación en países cuyos aumentos de precios no se producían en las últimas décadas consideran que es temporaria y está relacionada con el aumento de los precios de las commodities, la disminución de los stocks de insumos provocados por la pandemia, los embotellamientos para el transporte de los containers y las consecuencias de la guerra entre Rusia y Ucrania.

Numerosos analistas consideran que una vez que estos problemas se solucionen volverán a tener inflaciones controladas y mucho menores que las actuales, con tasas de interés normales, al nivel que exhibían antes de estos acontecimientos mencionados. Es decir volverían a la normalidad porque estos países tenían inflaciones de un dígito y muchos de ellos con valores anuales inferiores a las mensuales de Argentina.

Es distinto el caso de nuestro país, ya que tenemos una visión más pesimista por los errores de nuestra política macroeconómica y nos será muy difícil terminar con la tremenda expansión monetaria, la disminución del déficit fiscal y de la tasa de interés sin pagar costos en el camino.

Al pensar cuándo y como disminuirá la inflación debemos pensar en lo que muchos analistas definen como inercia inflacionaria; no será fácil bajarla a los valores normales en el corto plazo y, más aún cuando existen factores que la condicionarán, como los mencionados en párrafos anteriores.

Esta pelea por precios, salarios, tasas de interés, recién empieza para muchos países con economías estables, pero en el caso del nuestro, donde no se respetaron durante décadas las reglas macroeconómicas que garantizan estabilidad y se las reemplazó con políticas populistas, debemos pensar firmemente que controlar la inflación es una urgencia, pero es esencial generar mayor producción, dar valor agregado a nuestros productos primarios y apostar a la economía del conocimiento, con reglas de juego claras; dejar de ser un país exportador de divisas y lograr que vuelva al sistema todo el dinero de argentinos escondido en colchones o volcado en inversiones en otros países. No pedimos mucho, solo queremos volver a ser el país esperanzador y con mirada al futuro, como lo fue hace 100 años.





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