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  • Foto del escritorJulio Moreno

La utopía de llegar a diciembre sin sobresaltos

El deterioro de nuestra economía y la pérdida de credibilidad, en estos últimos meses pasó ya la línea de "ser preocupante" y ahora existe la sensación de encontrarnos en situación límite.



El Gobierno, partido en tres y sin liderazgo sobre el peronismo y las fuerzas afines, tiene una crisis política interna que lo paraliza y le impide buscar consensos básicos con la oposición para lograr una transición ordenada desde la política.

La oposición sigue sin mostrar un cierto orden interno, con diferencias en las propuestas, por lo que genera que las discusiones políticas y económicas se polaricen, en momentos en que la situación social profundiza su deterioro, ocasionado por la alta inflación y una creciente recesión.

Existe la sensación de que quienes deciden no están en condiciones de percibir la magnitud de una fractura que viene creciendo desde hace dos décadas y que se traduce en pobreza, desempleo, volatilidad y una degradación educativa que compromete gravemente el futuro.

La macroeconomía

Lo que necesita nuestro país es ordenar la macroeconomía respetando reglas básicas: tener precios relativos, salarios, tarifas, tipo de cambio y tasas de interés que no necesiten ajustes para que no generen presiones y poder mantener un equilibrio fiscal, monetario y de la cuenta corriente de la balanza de pagos (de exportaciones e importaciones, entre los más importantes).

Las salidas fáciles para ordenar nuestra economía no se podrán realizar, ya que la situación es muy compleja, hace 12 años que no crecemos y el PBI per cápita es igual al de hace 16 años; la pobreza ya se acerca a la que se registraba cuando salíamos de la última hiperinflación; la economía informal llega al 50%, la deuda en pesos está creciendo a más del 100% anual en un horizonte de difícil acceso al crédito internacional.

La ilusión de dolarizar la economía, que hoy aparece como el salvavidas, exigiría disponer de US$ 30.000 millones a US$ 40.000 millones, que no tenemos, y con ella perderíamos la capacidad de tener política monetaria y cambiaria, quedando así sujetos a la moneda de los Estados Unidos, es decir, a una Reserva Federal que tiene otros intereses geopolíticos distintos a los nuestros.

Necesitamos todos los instrumentos de política económica disponibles para lograr una economía normal.

No se conoce ningún país de tamaño mediano como el nuestro que esté dolarizado. Lo que debemos hacer es ordenar la macroeconomía, aumentar la producción de bienes y servicios, tener otro tipo de relación con el mundo, ocupándonos de todos los sectores, y eso incluye una enérgica y transparente política social. Una política que apele a recursos genuinos y no a la tercerización del poder del Estado en organizaciones politizadas como único recurso para bajar la pobreza y la desocupación.

Lo que se requiere son fuentes de trabajo en blanco, que desaparecen al no haber inversiones suficientes. Porque, claro, no puede haber inversiones donde no hay reglas de juego claras que se mantengan en el tiempo, con leyes laborales amigables y, como contrapartida, agobiante presión impositiva y ninguna estabilidad que permita iniciar un proceso de crecimiento y desarrollo de nuestra economía.

A ciegas

Estamos notando que las hasta ahora propuestas de mejorar la economía se refieren en la mayoría de los casos a soluciones fáciles, pero los problemas acumulados en los últimos años nunca se resolvieron, ya que no se respetaron las reglas básicas que rigen a la economía de mercado, porque no se quiso asumir el costo político y social que era necesario para lograr un país normal y era más fácil seguir haciendo populismo para mantenerse y ganar elecciones.

En este período preelectoral muchos partidos y/o alianzas están diseñando un plan integral para implementarlo cuando lleguen al gobierno. No es tarea fácil la que nos espera.

El presidente Alberto Fernández prometió, cuando asumió, que primero iba a negociar la deuda, después hacer el presupuesto y por último el programa económico. Hizo todo al revés de lo que tenía que hacer, y así estamos: primero tendría que haber preparado un programa o plan económico con el cual diseñar un presupuesto realista y, fortalecido con esos instrumentos, negociar la deuda. Claro, el Frente de Todos debería haber coincidido y consensuado ese programa, lo cual era imposible. Al no haber realismo ni coherencia, las consecuencias están a la vista. La deuda de posterga (se patea para adelante) y encima, aumenta exponencialmente.

No tenemos un plan y hemos perdido tres años por la falta de capacidad de decisión, ya que, en lugar de buscar más competitividad y más productividad, se aumentó el gasto por el empleo público y se subieron los impuestos. Estos errores se pagan y ya lo estamos padeciendo.

Lo que resta de 2023

Administrar esta coyuntura por lo que resta de este año hasta la asunción del nuevo gobierno no será tarea fácil; estamos con un panorama con escasas herramientas y reputación en una macroeconomía inestable y delicada que mantendrá los riesgos de empeoramiento en esta frágil economía.

Observamos la falta de dólares por el impacto de la sequía, y si le sumamos la incidencia de la dinámica política-electoral con toda la estrategia fiscal-cambiaria y financiera implementada por el Gobierno para lograr una cierta estabilidad, el panorama no está claro. Será muy importante el rol de las propuestas de la política económica que anuncien los precandidatos presidenciales (claro está, si es que tienen alguna), además de la cooperación en esta transición que tendría que existir.

La mayoría de las propuestas de los equipos técnicos de los candidatos buscan desde la economía, entre las más importantes: desarmar los controles cambiarios, unificar los tipos de cambio estabilizando el exceso de la cantidad de pesos con la abultada deuda indexada, la creciente deuda con importadores, renegociación de nuestra deuda con el FMI y una poco controlable y elevada inflación.

Si llegamos sin mayores sobresaltos a las próximas PASO del 13 de agosto, hoy con un resultado incierto, el rumbo que busque imprimirle el Gobierno a la política económica será crucial para definir el rumbo de la economía en lo que resta del 2023, que ya nos parece eterno.

Podemos afirmar que entre las medidas más importantes del Plan Llegar implementadas por Sergio Mazza hasta las elecciones son las siguientes:

· En materia fiscal, reducir el déficit primario tratando de cumplir con el compromiso con el FMI

· Disminuir la emisión monetaria que realiza el BCRA para financiar este tremendo gasto público, tratando de evitar turbulencias de la importante deuda en pesos.

· Mantener tasas de interés reales iguales o mayores que la inflación para evitar que la gran cantidad de pesos emitidos para pagar el déficit fiscal pasen a consumo o a la compra de dólares

· Mantener controlada la brecha cambiaria entre el dólar oficial, los distintos financieros y el blue.

· Devaluación progresiva de la moneda conocida como "crawling peg" que tiene como característica que se ajusta de acuerdo a factores de mercado, en nuestro caso la inflación, tratando de evitar una devaluación abrupta. Para que esto no ocurra es necesario un stock de reservas que generen confianza.

· "Precios Justos": seguir la línea de control de precios, que siempre fracasa y no es más que cosmética; es decir procurando lograr acuerdos de precios por un determinado período, con difícil consenso entre los empresarios y el Gobierno.

El Plan Llegar está lleno de incertidumbre y si a ello le adicionamos la búsqueda de dólares para incrementar nuestras reservas, llegar sin mayores sobresaltos en este año electoral será toda una proeza.

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