• Susana Decibe

Las deudas de la política con una educación que ha perdido la brújula

Columna de opinión de Susana Decibe, exministra de Educación nacional.

La mala educación que recibe un porcentaje muy alto de niños y jóvenes argentinos es la evidencia de que el sistema educativo, más allá de los discursos, ha perdido la brújula. Si queremos comenzar a dar solución a las deudas del pasado y enfrentar los desafíos actuales y futuros, debemos en primer lugar superar la ilusión de que alguien gobierna el sector de acuerdo con las leyes vigentes.


La gran deuda que tiene la política con la democracia es no haber construido un estado capaz de gestionar los servicios fundamentales para los cuales existe. Hoy, tanto a nivel nacional como provincial, no están las condiciones políticas, profesionales y tecnológicas que permitan llevar adelante las transformaciones necesarias que aseguren una oferta educativa de calidad para todos. El estado en todos sus niveles fue creciendo en virtud de una lógica más clientelar que profesional.

El gobierno, la administración y gestión de la educación básica y terciaria no universitaria es una responsabilidad compartida entre la Nación y las provincias. Juntas conforman un sistema en el cual cada jurisdicción tiene responsabilidades específicas fijadas en la Ley Nacional de Educación y en la Ley de Formación Técnica Profesional.

Si el Ministerio Nacional de Educación no ejerce las funciones de monitoreo del servicio en virtud de los acuerdos federales de qué y cómo enseñar, si no evalúa sistemáticamente los aprendizajes de los alumnos en cada nivel y a los docentes, si no controla la calidad de las instituciones de formación docente para acreditarlas como tales, si no realiza inversiones educativas para mejorar la educación de las poblaciones con mayores necesidades, la educación del país carece de timón.

Si las provincias no tienen una administración profesional y tecnológicamente adecuada, si no monitorea el trabajo en cada escuela, si no garantiza recursos didácticos y la formación en servicio de sus docentes, si no evalúa de verdad el desempeño de cada docente y lleva un registro de acceso federal de los mismos y otro de la historia educativa de los alumnos, si no puede destinar los mejores equipos docentes para las poblaciones más pobres, si no puede garantizar que se cumplan en todas las aulas sus propios diseños curriculares, estamos frente a un simulacro de política educativa, en donde solo se salvan aquellas instituciones que por sí mismas pueden afrontar el desafío de enseñar.

La gestión del sistema educativo es de alta complejidad y debemos tomar conciencia de los pilares en los que hay que fundarla. Dotar al estado de recursos profesionales y tecnológicos, sostener un compromiso político duradero para avanzar en la aplicación de las leyes vigentes y de las reformas necesarias a futuro y no menor, que la educación forme parte de un programa de crecimiento económico y social que le dé sentido.

RB

20 visualizaciones