• Soledad Diez de Tejada Cossio

Resumen: Programa Nacional para el Campo

Fundación Encuentro


Por Soledad Diez de Tejada Cossio


Este programa surge como una necesidad de fortalecer los vínculos del sector agroindustrial con las bases mismas del pensamiento justicialista. El “Modelo Argentino para el Proyecto Nacional” publicado por el General Perón en 1974, constituye la columna vertebral de su pensamiento. Casi medio siglo más tarde sigue vigente su visión universalista, hoy conocida como la globalización, y su visión sobre nuestro país cuando afirmaba lo que aún hoy no hemos logrado: “se dan las condiciones para armonizar una estructura económica agropecuaria con una industrial sin que el progreso de un sector se logre a costas del otro. Lo fundamental es que cada producto que salga al mercado, y en particular al internacional, cuente con el mayor valor agregado que los factores de la producción permitan y, por otra parte, que se consolide una integración del proceso productivo en el nivel regional interno, continental y, finalmente, universal…. De allí que la definición de una política estable y definida para el agro constituye una responsabilidad ineludible de las generaciones del presente para con las del futuro.”


Son aquellos pensamientos del fundador del Movimiento Justicialista las que nos alientan a dar a la luz, hoy, en medio de la aplicación de políticas que van en sentido contrario de lo que nos proponía, del interés nacional y del campo en particular, estas propuestas, que son la síntesis de las aspiraciones de todos aquellos que desde el sector agropecuario producimos, pero además, pensamos para darle a nuestro país –“un privilegiado de la naturaleza y una esperanza para la sociedad en la etapa universalista, en razón de sus potencialidades en materia de recursos naturales”, como diría el General Perón- la oportunidad de desarrollar plenamente esas potencialidades.


La Argentina necesita previsibilidad y paz interior. Precisa unidad nacional, diálogo, paz social e integración con los países de la región. Quien piensa distinto no es un enemigo ni un adversario, es un ser humano, un hermano, un ciudadano cuyo punto de vista complementado con el nuestro nos ayudará quizás a construir un futuro superador para nuestro país. Sabemos que “nadie puede realizarse en un país que no se realiza” y que la actual situación global nos plantea a los argentinos, a la vez que riesgos y desafíos, grandes posibilidades de realización. El campo está en condiciones de asumir los desafíos y aprovechar las oportunidades y de participar activamente en la formulación de un proyecto nacional expresivo de los intereses permanentes de la Argentina y de los argentinos



PROPUESTAS PARA EL CRECIMIENTO DEL SECTOR AGROPECUARIO EN BUSCA DE UN PAÍS MEJOR, MAS JUSTO Y SOLIDARIO


1. Adopción de un Plan Nacional de Desarrollo Territorial

Centrado en la mejora de la infraestructura rural y en los accesos a los grandes centros urbanos y a los puertos de exportación. Construcción y pavimentación de caminos rurales; extensión y modernización de la red ferroviaria; construcción de represas, sistemas de riego y canales de evacuación para evitar inundaciones; electrificación rural dando prioridad a aquellas zonas de producciones intensivas que requieren de energía; extensión a todo el país de la red de 4G y provisión de servicio de Internet por fibra óptica. La ejecución de un plan de esta naturaleza puede ser una de las grandes contribuciones para resolver en parte el problema del empleo en el país, contribuir a aumentar la producción agropecuaria, bajar costos y mejorar la calidad de vida en el medio rural, limitando así las migraciones hacia los centros urbanos.


2. Consolidación de la propiedad privada en el campo

Se requiere de un programa nacional de apoyo a las provincias para completar el catastro inmobiliario de zonas rurales y tomar las medidas necesarias para consolidar los sistemas de registro de la propiedad, facilitar la finalización y liquidación de juicios por herencia, usucapión y otros procesos que impiden el pleno goce de los derechos reales. Al mismo tiempo, se requiere de una acción firme a nivel de las provincias, principalmente en el Norte Grande y en la Patagonia, para terminar con los hechos delictivos de usurpación que afectan los derechos de los verdaderos dueños de la tierra.


3. Reforzar los sistemas provinciales de seguridad para terminar con la delincuencia rural

El abigeato, el hurto de equipos y materiales de trabajo y últimamente el corte de silo-bolsas han alcanzado un nivel alarmante en muchas regiones del país. Este último, fruto de almas resentidas que no comprenden el valor del trabajo de la gente de campo. Si estos delitos han alcanzado la magnitud comentada se debe a las deficiencias de las policías provinciales, a la falta de cuerpos de policía rural debidamente equipados y entrenados para prevenir estos hechos y para colaborar de modo eficiente con la Justicia en su esclarecimiento. Es necesario una transformación de las policías provinciales en todas y cada una de las provincias del país.


4. Reformar los sistemas impositivos nacional y provinciales

La producción en nuestro país no solo carece de alicientes sino que se encuentra prisionera de una maraña de impuestos, tasas y gabelas, nacionales, provinciales y municipales. Contamos con nada menos que 160 impuestos nacionales, cientos de impuestos provinciales y miles de tasas municipales. Cualquier código tributario provincial o municipal es un tratado de exacción de recursos al que trabaja y produce. Es necesario encarar una gran simplificación del sistema impositivo en su conjunto, tomando los tres niveles mencionados y eliminar toda forma de duplicación de impuestos, terminar con aquellos que desalientan la producción y especialmente la inversión o las creación de empleo. Hace falta un gran compromiso nacional, para limitar el gasto público al nivel de la carga impositiva soportable por la producción, especialmente en el campo, que es el sector que ha venido cargando a lo largo de los años con un peso desproporcionado del financiamiento de ese gasto, limitando así su propia capacidad de incrementar la producción y por esa misma vía la capacidad de recaudación del fisco.


5. Eliminación de las retenciones a la exportación

Este es un instrumento de política cambiaria que fue diseñado para evitar el impacto sobre los precios domésticos de los productos transables en caso de fuerte devaluación, en la época en que en las exportaciones argentinas predominaban el trigo y la carne. Actualmente se ha convertido en un mero impuesto adicional a la renta cuya única justificación es la magnitud del déficit fiscal. Los productores, que son en definitiva los que soportan la carga de las retenciones, vía el menor precio pagado por acopiadores y exportadores, se constituyen en un sector discriminado respecto del resto de la sociedad por el mayor peso que recae sobre ellos en la financiación del déficit fiscal. Por ello hay que terminar con este impuesto injusto y regresivo cuya principal consecuencia es limitar la inversión y la producción.


6. Eliminación de las restricciones a la exportación de productos agropecuarios

Las consecuencias de las restricciones a la exportación siempre han dado lugar a una caída posterior de la producción, precedida por la pérdida de confianza en las exportaciones argentinas debido a las cancelaciones de operaciones en curso o a la incertidumbre que genera un país que no puede asegurar la continuidad de sus envíos. El ejemplo de las restricciones a las exportaciones de carne durante el anterior gobierno “kirchnerista” es contundente: la pérdida de más de diez millones de cabezas de stock bovino y miles de millones de dólares de exportación, sin contar los perjuicios ocasionados a la industria frigorífica y a miles de productores ni los recursos fiscales de los que se privó el gobierno por la caída de la producción y de las exportaciones.


7. Eliminación de la multiplicidad de gabelas y cargas burocráticas que entorpecen la actividad productiva

El sector agropecuario necesita reglas claras en materia de sanidad animal y fitosanitaria y de transporte de la producción, que puedan aplicarse sin cargar aún más la ya pesada presión tributaria que aflige a la producción y evitándole tasas y otras gabelas más infinidad de gestiones administrativas que entorpecen la actividad del productor y le quitan tiempo innecesariamente.


8. Incrementar los recursos financieros a disposición de la producción agropecuaria y agroindustrial

Los recursos financieros de la producción hoy no vuelven a quienes los originan para permitirles hacer nuevas inversiones o incrementar el capital de trabajo: todo se lo lleva el Estado para financiar el inaudito nivel de gasto público improductivo o planes y subsidios que no permiten salir de la pobreza a los sectores más vulnerables de la población como lo podría hacer la generación de empleo en el sector productivo, incluyendo el agroindustrial. Es imperativo dar vuelta esa ecuación, terminar con la danza de bonos, Leliqs y Lebacs y permitir que vuelva el financiamiento a su origen. Más aún, hacen falta políticas activas de manejo del crédito para que este no se concentre en los centros urbanos y especialmente en el financiamiento del consumo, restándole así los recursos indispensables a los productores agropecuarios y al sector agroindustrial.


9. ¡La Hidrovía no se toca!

El desarrollo de los puertos del Litoral y el dragado de la Hidrovía la han convertido en la principal vía de la exportación de los productos del campo. Su funcionamiento no se ha visto afectado ni aún en los peores momentos climáticos y si el sistema de transporte internacional de nuestros productos no funciona mejor o no es más económico, se debe al peso de la intervención burocrática, los impuestos y la indebida acción sindical. Una reciente iniciativa gubernamental, unido a la cercanía del vencimiento original del dragado y explotación de la Hidrovía ha encendido todas las alarmas. Ningún sector vinculado a la producción o comercialización de productos agropecuarios quiere mayor intervención estatal en el sector. La concesión de la esta vía fundamental de la exportación debe ser licitada para una nueva etapa bajo las mismas condiciones y asegurando el mismo nivel de capacidad técnica para atenderla que hasta el presente.

10. Necesitamos volver a contar con una política exterior al servicio del interés nacional

La política exterior del actual gobierno es una síntesis de concepciones ideológicas, improvisaciones y una visión del mundo que ignora cómo funciona el mundo. Tenemos que volver a una política construida a partir de la defensa del interés nacional y de sus recursos, de la reubicación del país en el mundo y del cuidado del potencial de su producción en los mercados. El interés del sector agropecuario parece no tener lugar en la actual política. No se trata solamente de buscar oportunidades específicas en nichos o mercados determinados, debemos contar además con una política activa y de largo plazo que construya acuerdos y abra posibilidades para que la producción agroindustrial argentina llegue a muchos mercados con el mayor valor agregado posible.


11. Promover el desarrollo rural y de su población

La producción agropecuaria descansa sobre los productores y el entramado económico y social que los rodea. Los servicios esenciales en zonas rurales están dispersos, cuando no alejados en pueblos o ciudades cabezas de departamento o de la provincia. Es necesario mejorar las condiciones de vida no solo en el campo, sino también en todos los pueblos del país. La vivienda digna, la salud, la educación, la formación profesional, las comunicaciones y la seguridad, deben llegar a todos los rincones del país. Es responsabilidad de las provincias contar con planes minuciosos y los medios financieros que permitan la realización de obras en el plano municipal, generalmente mano de obra intensivas, que permitirán alcanzar muchos de los objetivos citados y, además, dar trabajo genuino a millones de argentinos que hoy viven de planes sociales u otros paliativos insuficientes para sacarlos de la pobreza en que hoy está sumida gran parte de la población del país.


12. Defender de los derechos del trabajador rural

Mucho se ha avanzado en el país en asegurar la vigencia de los derechos de los trabajadores rurales. Si embargo, mucho es lo que aún cabe hacer, especialmente en ciertas regiones alejadas de los grandes centros urbanos. Condiciones de vida (habitación, acceso a las comunicaciones, separación de las familias, educación de los niños y adolescentes, acceso a la salud y protección en materia de accidentes) y de trabajo (horarios, vacaciones, equipos) deben ser mejoradas y el caso de los trabajadores temporarios y ocasionales debe ser objeto de mejor legislación y control. Al mismo tiempo, deben tomarse los recaudos para que los excesos de aplicación de la legislación no se vuelvan en contra del productor y no terminen convirtiéndose en un factor de distorsión con consecuencias contrarias a los propios trabajadores (opción por el trabajo informal, desempleo o reemplazo por maquinaria).


13. Promover la institucionalización de los mercados de productos perecederos

El país no termina en la Pampa Húmeda y para que la Argentina sea una proveedora importante de alimentos del mundo se impone el desarrollo de todas las cadenas agroalimentarias, transformando sistemáticamente en competitivas nuestras ventajas comparativas mediante un agregado de valor que se torne en uno de los ejes de nuestra diversificación industrial. Para ello resulta imprescindible institucionalizar los mercados de los productos perecederos, para ofrecer a los productores condiciones adecuadas, regulares y transparentes para la comercialización de sus productos y facilitar su ulterior transformación. De las 32 cadenas agroalimentarias que existen en el país, solo tres cuentan con cierto grado de institucionalización. Se requiere que para los restantes productos: leche, mostos, manzanas, peras, porotos, aceitunas, nueces, ajos, etc., se establezcan sistemas de tipificación, contratos tipo, mecanismos de fijación de precios e instituciones independientes de arbitraje.


14. Multiplicar las iniciativas para el avance tecnológico del sector agropecuario y la difusión de sus logros a todo el país

Argentina está hoy a la vanguardia en la producción de cereales, oleaginosos y carnes bovina y aviar. El progreso científico y tecnológico han permitido grandes logros en materia de desarrollo genético (de semillas y animal), manejo de la tierra, fertilizantes y agroquímicos y han facilitado la aplicación de la tecnología al desarrollo de nuevos sistemas de producción como los sistemas digitales y de precisión en la siembra, riego, fertilización y cosecha. A ello se ha agregado la aparición de nuevos actores e instituciones, que han resultado en fuertes aumentos de productividad, la introducción de nuevas producciones y la expansión de la frontera agrícola. Es necesario continuar avanzando en esa dirección y conjugar los esfuerzos del sector público y privado para que el campo y la agroindustria argentina sigan ganando terreno en el mundo.


15. Instrumentar planes sectoriales de desarrollo por especie y cadena de valor

El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, junto con el CFI, el INTA, las asociaciones de productores, las empresas de cada sector y los gobiernos e instituciones provinciales deberían asociarse en la elaboración de planes de desarrollo de las producciones diversas producciones ya existentes en el país y de aquellas que merecen ser introducidas. La cooperación entre todos los sectores debería permitir incrementos de producción y ganancias de productividad, a través de la mejor selección de especies, la difusión de buenas prácticas, la capacitación de los productores y trabajadores rurales, y el intercambio de experiencias. Hay múltiples sectores del a producción agropecuaria que tienen enorme potencial: desde la producción porcina a la de legumbres, las frutas tropicales o los productos orgánicos de todo tipo. Al mismo tiempo existen otros sectores tradicionales, como el tabaco, que por cambios culturales y la caída consiguiente del consumo, están en franca decadencia. Una política agropecuaria inteligente, planificada y con una mirada de largo plazo, acompañada de los necesarios incentivos, debería permitir un importante desarrollo de las diversas producciones y las transformaciones necesarias para acompañar las tendencias de los mercados.


16. Poner la producción al nivel de las crecientes exigencias de los mercados

Trazabilidad, confort animal, elevadas normas sanitarias, cuidado del medio ambiente, procesos productivos que respeten las normas sociales o medioambientales, certificaciones, son todos requisitos que se han ido incorporando paulatinamente a las demandas del consumidor, en el exterior y en el país. Nuestra producción se ha ido adaptando progresivamente a ellas pero aún hay mucho para hacer para utilizar plenamente las grandes ventajas que Argentina tiene en la materia. Tenemos todo para ser un modelo mundial en la materia: espacio, clima, tecnología, recursos humanos capacitados y conscientes del problema. Es necesario seguir avanzando y hacerlo sin cargar más responsabilidades de las necesarias sobre el productor: evitando burocracia innecesaria y sobre costos que se pueden evitar. Es el camino para poder imponer el sello de “Calidad argentina” a nivel mundial al mayor número posible de productos.


17. Poner en marcha un plan nacional de protección del medio ambiente

La deforestación descontrolada y la sobreexplotación de tierras allí donde los ingresos no permitían la supervivencia de los productores, han causado daños graves es varias regiones del país. Además, hemos sido víctimas mudas de la deforestación de la Amazonia y del Chaco en los países vecinos. Estas han sido importantes contribuciones al cambio climático que está afectando seriamente a nuestro país. Inundaciones cada vez más extensas seguidas de sequías prolongadas, años de Niño y años de Niña, incertidumbres, pérdidas de cosecha o rendimientos muy bajos que exigen cada vez más inversión en los campos para poder mantener niveles de productividad rentables. Hay cada vez más conciencia de estos problemas y más alertas sobre la gravedad de las consecuencias futuras, pero no vemos las soluciones. Hace falta convocar a todos los sectores interesados en el problema, comenzando por las instituciones del campo, para elaborar un gran plan nacional para mejorar el manejo del suelo, forestar intensamente y, al mismo tiempo, recuperar la palabra a la hora de defender nuestro interés ante los actos irresponsables que vemos en otros países.

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