• Encuentro

¿Y si cerramos la Cancillería?

Por Andrés Cisneros (*)


Hamas e Israel intercambian misiles. Israel es un Estado miembro de las Naciones Unidas y Hamas una organización terrorista. No obstante, hagamos el esfuerzo de suponer por un instante la ficción de que se trata de un conflicto interno de una región del mundo a la que no pertenecemos y en la que no tenemos un interés nacional argentino directamente en juego.


Cuando se produce un enfrentamiento tan profundo, lo mejor que pueden hacer los países y organizaciones del mundo es abstenerse de agravarlo: lo primero es no empeorar la situación del paciente, reza el mandato hipocrático. Tomar distancia no equivale ni a huir ni a zambullirse de lleno en un conflicto: para ser útil lo mejor es no convertirse en parte, aunque nuestros valores como sociedad organizada, nuestros principios nacionales y nuestro compromiso con la realidad internacional nos inclinen, sin duda alguna, por una de ellas.


¿Y qué ha hecho el gobierno argentino?


Emitió una declaración oficial que es para la antología de lo que no debe hacerse. Describe, sin calificar, lo que hizo ayer Hamas –una organización terrorista- como un desangelado “ataque con misiles y artefactos incendiarios,” mientras critica fuertemente a Israel –un Estado al que fuimos el primer país de América Latina en enviarle un embajador- “por el uso desproporcionado de la fuerza” conque contestó el ataque terrorista. Ya está: Argentina aparece ante el mundo diferenciando al bueno y al malo de la película.


Por estas horas llueven las críticas al canciller Felipe Solá, un ministro para el olvido. Las merece, porque por algo aceptó estar allí y respaldar prácticamente cualquier cosa. Pero todos sabemos que la política exterior, como casi todas las demás, no se decide en el Palacio San Martín o, al menos, resultan fuertemente condicionadas por comisariatos ideológicos en función de intereses subalternos en la política interna.


Cuando una persona, o un Estado, deciden posicionarse sobre cualquier asunto, resulta sumamente útil ponderar las compañías en que nos encontraríamos de uno u otro lado. Prácticamente todos los países occidentales - región y cultura a la que pertenecemos- califican a Hamas como terrorista, al igual que las más importantes organizaciones mundiales de derechos humanos. Uno tras otro lo están ratificando ahora luego de estos atentados. Estados Unidos y la Unión Europea hace tiempo que la consideran una organización terrorista. En cambio, Rusia e Irán, tan cercanos a algunos corazones argentinos, no lo hacen.


En nuestra región, los gobiernos populistas, con Venezuela a la cabeza, tampoco. Esas compañías elegimos. Si algo ha tenido que ver directamente nuestro país con el conflicto entre Israel y sus enemigos han sido los dos atentados criminales de la embajada y de la AMIA, donde el terrorismo masacró a ciudadanos argentinos e israelíes. Ningún gobierno argentino debiera olvidarlo para tratar con tibieza cualquier acción terrorista. Por ahí convendría cerrar la Cancillería y alquilar el edificio.


(*) Ex vicecanciller argentino


Infobae 210512

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